7 grabados, 7 colores

Los termómetros por el sur del sur no bajan de los 17 o 18º durante el día. Esto explica lo locos que están los naranjos (con su azahar), las abejas (con su polinización) y nosotros mismos (con el sayo quitado en pleno marzo, a pesar de los refranes). Si algo tiene este anticipo de primavera, es que invita a mostraros piezas como la que os traigo hoy, con una verdadera explosión cromática, ansiosa de calor y de cambio de armario.

 

La nueva colección está repleta de naturaleza, siguiendo nuestra línea habitual, pero esta vez buscamos inspiración en las aves y sus entornos naturales. Los primeros grabados que realizamos de la nueva colección fueron unos pájaros sencillos y regordetes para, a continuación, meternos un poco en materia e investigar sobre las aves autóctonas de la zona de Cádiz.

 

Pero como sigo descubriendo y grabando nuestra fauna más cercana -y no quiero haceros spoiler aún-, os dejo con un aperitivo procedente de la otra parte del mundo: el colibrí.

 

Por su alimentación, el colibrí posee un pico muy fino y muy largo que le permite succionar el néctar del interior las flores. Del mismo néctar consiguen la gasolina que necesitan para batir sus alas a toda prisa, lo que le supone un alto gasto de energía. De ahí que los colibríes merodeen mucho por las flores, sobre todo las de color rojo y anaranjado.

 

Por sus curiosas características, no podía pasar por alto añadir el colibrí a mi colección de sellos, así que lo hice sin más. Tras hacer algunas pruebas en papel y en tela, trasladé al colibrí a su hábitat natural (¡dónde si no iba a estar mejor que en casa!), e hice el bolso que os presento a continuación.

 

Lo primero de todo el proceso, es preparar el lienzo: planchar la tela, fijarla a un soporte y marcar el centro. Luego, toca la parte que más nos gusta: estampar la composición que habíamos esbozado previamente. (Para hacer este bolso en concreto, también grabamos dos flores, cada una de ellas compuesta por dos matrices distintas: por un lado la corola y por otro, el tallo y las hojas. Esto nos permitiría hacer una estampa a dos tintas, ya que quería que la variedad de color fuera tan protagonista como la composición en sí). Comenzamos estampando las flores, con un degradado del rojo al anaranjado

-para que nuestro colibrí estuviera contento- y seguimos con las hojas y los tallos de las flores, en dos tonos de verde, para rematar nuestro lienzo con el colibrí, en azul y un toque verde, dándole así  el protagonismo entre tanta "selva".

 

En total, utilizamos 7 matrices distintas y 7 colores, lo que convierte a este bolso en el más elaborado hasta la fecha dentro de nuestros bolsos de manoLo último es volver a planchar la tela, ¡y a coser!

 

Y eso es todo... En cuanto a la terminación, elegimos el verde para seguir creando un contraste fuerte dentro-fuera, apostando en esta ocasión por un forro liso. Rematamos colocando una cremallera en el mismo tono de la tela, beige claro, y un tirador de antelina también en verde.

 

Como podéis ver, es un bolso con mucha historia. Tardamos alrededor de una semana en hacerlo, entre la preparación de los grabados y la confección y detalles finales. Si os interesa esta pieza tan especial y única, ya sabéis que tenéis abiertas las puertas de mi buzón :)

 

Espero que os haya gustado mucho y, si habéis llegado hasta aquí leyendo, os doy infinitas gracias. Ahora, os dejo con la galería de fotos.


Y un pequeño vídeo de la suelta de nuestro colibrí entre plantas y flores.

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