Bolsos "Mar salá" III: Bolsos tote

El otro día, hablando durante el desayuno con mi compañero, nos entró la vena nostálgica. Ya sabéis, eso de cómo han cambiado los tiempos, que todo tiempo pasado fue mejor (así, reduciéndolo todo a lo idílico. jajaja), que qué puntazo debería ser que el lechero te llevara leche fresca todas las mañanas a tu casa, de la calidad de esa leche. Y a partir de ahí comenzamos a hablar del mundo de antaño, de cómo eran los trabajos (manuales o no) antes de la Revolución Industrial y todo tipo de desvaríos sobre la productividad, la eficiencia y del consecuente abaratamiento de la mano de obra. Tras un rato de charla de lo más hater, acabamos hablando de lo analógico y lo digital y, con ello, de la artesanía. Lo imperfecto tiene una magia que no se encuentra en lo estándar, en lo hecho por una máquina, y sabemos que las que nos seguís desde hace mucho, compartís esta visión. Y cavilamos un rato sobre cómo complementar ambas sin perder la parte manual ni tampoco quedarse en la Prehistoria, del coste de un buen material y una buena herramienta, de procesos, de tiempos, de creatividad... ¿Cómo no convertirnos en máquinas?

 

Entonces, recordamos un lugar donde el tiempo parece que se paró. Es una pequeña playa de San Fernando, donde aún existen pescadores cuyas casetas a pie de playa están hechas de trozos de chapa y tablones de madera, donde la sal se mezcla con el óxido y las algas con los restos de antiguos y pequeños barcos pesqueros. El aspecto es lo más imperfecto pero encantador que podría tener un paisaje marinero, y allí los pescadores siguen haciendo sus barquitas a mano, junto a la orilla. Por tradición, por pertenencia a ese lugar, por compartir con los demás pescadores, por historia... No sé por qué, pero estoy convencida de que, en parte, lo hacen por mantener viva su esencia. Este lugar representa tan bien este momento de Made in Tarrío que nos pareció el sitio perfecto para fotografiar "Mar salá" y los nuevos bolsos tipo tote.

 

Combinamos los estampados marineros con telas de arpillera, lonetas de algodón y denim, completando las piezas con asas de piel de vacuno en marrón y negro. Interior en algodón beige y bolsillo tipo sobre. Las piezas de madera con la firma son cortadas de manera artesanal en un pueblito de Granada.

 

Sin más, os dejo con las fotos de Carlos Castillo y Laura Jiménez, que supieron captar en la sesión ese amor por las imperfecciones que tanto nos caracteriza a ti y a mí.

 

Donde las máquinas no llegan.

Ya podéis encontrarlos en nuestra web y tienda online. Y si queréis verlo en carne y hueso, acercaros por el Mercado del Arte de Conil. 

 

¡Abrazos salitreros!